lunes, febrero 06, 2012

El Rover que no fue








Algo nuevo en mi vida es buscar autos.   Es en vano, ver automóviles sin conocimiento alguno de mecánica, ya que se arriesga dinero en arreglos, donde la gente, en general, además de las multas y de los estacionamientos, se hace muchísimo problema, causándole angustias.

Pero pequé de ingenuo una vez más, tal es así que por mi inocencia aparento menos edad que la que tengo, aunque mi cuerpo demuestra lo contrario.
Le solicité a un amigo que me acompañe a ver autos, tal es así, que hicimos un raid de ver que los autos sonaban bien, estaban pintados, tenían 2 o 4 puertas, poseían llantas limpias, y un largo etcétera de una absoluta intrascendencia.
Comenzamos en una agencia de Villa Devoto y nos prendió un Siena, el tipo sólo le interesaba cuanto quería gastar y que ese auto estaba impecable.  Ninguno de nosotros tenía motivo para rebatir tal afirmación.
Luego, súbitamente, encontramos dentro del trayecto, de Beiro y General Paz a San Martin y General Paz, el dueño de una concesionaria nos trató condescendiente y afablemente.  Me dijo yo tengo el auto para vos y me mostró todos los chiches de un Rover 416.   El levanta vidrios automático, el baúl enorme y rebatible (hasta una bicicleta cabía), los detalles de madera en las puertas, el aire acondicionado, la dirección asistida, etc.
El sujeto afirmaba que yo iba a volver a ese negocio para comprarle el siguiente auto.  Yo, nuevamente inocentemente, me manifesté anonadado y con cierto interés, cuando hay que, lamentablemente, dibujar rostro de piedra y fuera de sorpresa.
Después, vimos otros autos, pero yo me quedé obstinado por lo que este gentil hombre me quiso vender.
A la tarde, al llegar al hogar, investigué sobre el Rover, me encontré con un sitio que forman un club del Rover y hablaban de las bondades y diferenciales de este vehículo, además que, por la variable precio, ninguno contaba con estas prestaciones.   Aún más, subía mis anhelos para adquirirlo. 
Igualmente, gracias a este sitio, pude contactarme con un mecánico, donde tres días después lo contraté para que me acompañara a ver al Rover.
Lo esperamos, con mi compañera, dos horas, ya que se atrasó porque tenía que atender a una urgencia; en la calle se soportaba unos 37 grados de calor.

Mucho sudor, mucha adrenalina y ansiedad, aguardando a la inspección del mecánico. Lo  observa y lo prueba durante 10 minutos y le pregunta al representante de la concesionaria, si lo podía probar, cuando el hombrecito va a buscar las llaves de otros autos para poder sacarlo. El mecánico, en forma sorpresiva me pregunta:
-          ¿Te gusta mucho este auto?
      -          Sí   – Le contesto
-          Bueno, este auto no sirve. ¡No sirve! - Afirmó en forma vehemente
La tristeza me invadió, el mecánico fue a dar una vuelta con el de la agencia. Y hablando con mi compañera, acordamos que si el tipo es muy hincha pelota, lo compro igual, total no es el auto definitivo.
El mecánico nos juntó en su auto y nos comentó que el motor fue emparchado dos veces, que la junta y el tapón hay que cambiarlos ya que el agua recalienta en la primera impresión; y otros detalles de menor calaña; pero la junta y el tapón se podía arreglar pero no se asegura nada. 
Luego, nos suplicó que no le dijéramos nada al agenciero, ya que le quería vender su auto. Que le bajemos el precio y que nos retiremos.
Es así, que con mi compañera cruzamos y hablamos con el agenciero. Yo no pude tomar la posta, tal es así que el vendedor me miraba a los, sabiendo que era más fácilmente vulnerable que mi pareja que le estaba peleando el precio a raíz de un 20% menos que el valor ofrecido.   El tipo mantuvo la posición, alegando que dos o tres personas contaban interés de él, pero ya había quedado conmigo (las típicas mentiras de la negociación que nunca pude manejarlas), igualmente mi compañera mantenía su postura firme.

Al egresar del sitio, sin acordar nada, y alejarnos unos 50 mts, escucho una voz que decía:
-  ¡Percho vení! Tengo buenas noticias
Nos acercamos a él y nos contó que por ser yo y por pagarle al contado, me descontaba un 15%. Mi fobia y bloqueo, se acrecentó tanto, que mi compañera fue la que le puso los puntos y nos alejamos soportando el agobiante calor, y la punzante frustración de descartar ese auto.
La moraleja de todo esto, es que ir a ver autos es como apreciar una película Argentina traducida el ruso.  Yo lo comparo pensando: “Que bueno trabaja Luppi, Ranni, Borges, pero no entiendo un carajo lo que hablan”.

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